Se fundio en la primera entrada traslucida al marco de la puerta que cerre, albergada en el amparo de las cortinas que jamas compre, mientras las manos enrostran el llanto que en sangre convertida estilo por los dedos de un derrame, ¿Quien habra entonces mutilado las sonrisas de la mañana siguiente a la libertad de horas? Y asi el contraste de las hojas gruño a los ojos del vuelo de la mariposa noctambula, tejiendo con palillos prestados y lana robada un telar de la azares desventurados al olfato de una llana respuesta.
El columpio de un arbol a mitad de cuadra donde se añoro primavera culmino con un caballo tuerto, una soga hilachenta y un jamas de labios
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